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Disciplina Positiva que fortalece la relación entre profesores y alumnos

Hay un momento que muchos docentes reconocen. Estás en medio de una clase, un alumno interrumpe por tercera vez, otro no para de levantarse, y sientes que el aula se te va de las manos. Reprendes, insistes, sermoneas, quizás elevas la voz, y aunque en ese momento funciona, al día siguiente todo vuelve a empezar exactamente igual. Algo no está terminando de encajar, y la sensación de que el sistema que usas no es del todo el que quieres usar empieza a hacerse cada vez más presente. 

La Disciplina Positiva en el aula es un cambio de mirada profundo sobre cómo entendemos a los niños y niñas, qué necesitan realmente y qué tipo de relación queremos construir con ellos dentro del espacio educativo. 

De dónde viene la Disciplina Positiva 

La Disciplina Positiva es una filosofía y programa educativo creado por las psicoterapeutas norteamericanas Jane Nelsen y Lynn Lott, basado en los principios de la psicología Adleriana, cuyo punto de partida es sencillo pero poderoso, y es que todo comportamiento humano tiene un propósito, y ese propósito es siempre el mismo, pertenecer y sentirse importante dentro del grupo. 

Cuando un alumno «se porta mal» en clase, no lo hace porque quiera hacernos la vida imposible, sino porque en ese momento es la única estrategia que ha encontrado para sentir que existe, que importa, que forma parte de algo. Entender esto no significa justificar la conducta, sino saber exactamente dónde actuar para cambiarla de verdad y de forma duradera. 

Lo que la Disciplina Positiva no es 

Antes de entrar en lo que sí es, conviene deshacer un malentendido muy extendido, porque la Disciplina Positiva no es permisividad ni implica dejar que los alumnos hagan lo que quieran, eliminar los límites o renunciar a la autoridad docente. 

La propuesta es otra, y se resume en ser amable y firme al mismo tiempo, una combinación que parece obvia pero que en la práctica resulta difícil de sostener de manera consistente, firmes con el límite y amables con la persona, con expectativas altas y al mismo tiempo con un respeto real por la dignidad de cada alumno. 

Los cinco criterios que lo definen todo 

Jane Nelsen definió cinco criterios que distinguen a la Disciplina Positiva de otros enfoques educativos, y que sirven de brújula para evaluar si una intervención, una norma o una dinámica de aula va en la dirección correcta. 

El primero es que sea respetuosa y alentadora, amable y firme al mismo tiempo. El segundo, que ayude al alumno a desarrollar un sentido de conexión, de pertenencia e importancia dentro del grupo. El tercero es quizás el más diferenciador, ya que busca ser efectiva a largo plazo, no eliminar la conducta en el momento sino cambiar la creencia equivocada que la genera. El cuarto criterio es que enseñe habilidades sociales y de vida reales como el respeto, la cooperación, la resolución de problemas o la autorregulación. Y el quinto, que invite al alumno a descubrir sus propias capacidades, alentando el uso constructivo de su autonomía personal. 

Cuando una intervención docente cumple estos cinco criterios está construyendo algo duradero; cuando solo busca que el alumno se calle ahora mismo, está poniendo un parche que se caerá mañana. 

Qué cambia dentro del aula 

La Disciplina Positiva transforma el aula de un espacio de control a un espacio de comunidad, y ese cambio tiene consecuencias muy concretas en el día a día del docente y de los alumnos. 

Una de las más importantes es el abandono del locus de control externo, es decir, el sistema de premios, castigos, elogios y amenazas que condiciona la conducta del alumno a la aprobación del adulto y que, aunque funciona a corto plazo, tiene un coste enorme porque apaga la motivación intrínseca, genera dependencia y no enseña nada que el alumno pueda usar cuando nadie le está mirando. La alternativa es cultivar el locus de control interno, ayudar al alumno a que haga las cosas porque las valora, porque comprende su propósito y porque quiere contribuir, esa brújula interna que construye personas capaces de autorregularse, de colaborar y de confiar genuinamente en sí mismas. 

Otra transformación clave está en cómo se gestiona el conflicto, porque en lugar de reaccionar con sanciones, la Disciplina Positiva invita al docente a preguntarse qué necesita ese alumno en ese momento, qué creencia equivocada está detrás de su conducta y cómo puede el adulto ayudarle a encontrar una forma más constructiva de pertenecer. Las reuniones de clase, la toma de decisiones compartida o la resolución de problemas en grupo son herramientas concretas que hacen posible este cambio sin renunciar al orden ni a los límites. 

Por qué los docentes que lo aplican no vuelven atrás 

Hay algo que suele ocurrir cuando un docente empieza a trabajar desde la Disciplina Positiva, y es que al principio requiere más energía porque implica salir del piloto automático y preguntarse cómo actuar con cada alumnx. Es decir, conectar antes de solucionar e invertir tiempo enseñando habilidades sociales y emocionales capa a capa, pero con el tiempo el aula se convierte en un lugar donde los alumnos cooperan, se responsabilizan y resuelven conflictos entre ellos sin necesidad de que el adulto intervenga en todo momento. El docente deja de ser un gestor del comportamiento para convertirse en una persona que guía una comunidad de niñxs cooperativa que se centra en buscar soluciones en lugar de culpables, y esa diferencia, aunque no siempre es fácil de explicar, se siente en cada clase y acaba siendo lo que hace que nadie quiera volver al punto de partida. 

Aprende a aplicar la Disciplina Positiva en tu aula  

Si este enfoque resuena con tu forma de entender la educación y quieres llevarlo a tu aula de manera práctica, puedo acompañarte en este proceso. Soy Cristina Sanz Ferrero, Terapeuta Adleriana Montessoriana y Entrenadora certificada de Disciplina Positiva para la PDA de EE.UU., y desde Life Skills Escuela para la Vida llevo años formando a docentes, equipos educativos y centros escolares en toda España con talleres vivenciales, formaciones para claustros y sesiones de asesoramiento individualizadas. ¡Contáctame!